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Mostrando entradas de mayo, 2022

Donde nunca nieva en diciembre.

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Pasan las estaciones que sutilmente me van arrancando tiempo, despacio, sin tregua. Hay lagunas en mis pensamientos. Me van ahogando en fragmentos eternos y discontinuos. He visto caer las hojas y vi llegar al invierno, y yo ni me había movido. Pasará otro y tras ese uno más, y el frío dejará huella en mi cuerpo y mi alma no recordará quién fui. Solo me queda cerrar los ojos y sentir, sentir la caricia del viento, saborear el aroma de la mar, notar la lluvia sobre mi pelo y el dulce, pero amargo beso de los que llegan y se van. Cierra los ojos y suéñame, ahora que ya no te puedo ver, para que te pueda abrigar, que la noche es larga, y el invierno pronto llegará. Más fría es la distancia que nos separa, que como letras sin resolver nunca se encuentran. Somos los fragmentos de un poema que nunca se escribió y las notas de una canción que nunca se afinan. Ya no quedan hojas en los álamos y los tamarindos ya no cobijan a los pájaros, que se marcharon para no ver el invierno que

Cuenta la leyenda.

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Cuentan historias de amores imposibles, de almas encerradas en las mazmorras del recuerdo, de vidas consumidas por el pecado y la pasión. Cuentan leyendas sobre almas unidas y separadas por el tiempo, que un día fueron hombres y mujeres y ahora yacen en el olvido y la desesperación. Cuentan de vidas que separarse no pueden, que una maldición les llevó a estar por siempre juntos hasta que la luna muera. Cuentan de ánimas que sufren en tierras extrañas y que olvidarse de lo que una vez fueron no quieren. Cuentan que cada noche mueren, y tras el alba desaparecen, y que a la luna piden que su alma libere. Cuentan que dos corazones laten unidos y separados mueren, cuentan que recorren juntos el camposanto y que si alguien viene, al viento escucharán aullar, y a la luna susurrar sus nombres pueden. Cuentan que cada noche sus labios unen y al llegar el día se pierden, que en el breve instante, cuando el día y la noche se reparte, sus cuerpos se ven y sus miradas se funden al insta

Un legado casi perfecto.

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Era el escenario perfecto. Aguas claras y verdes prados. Dejé caer mi rodilla derecha sobre la hierba y extraje un poco de esa tierra fértil. La esparcí entre mis manos e inundó mis fosas nasales con su aroma. Ya no buscaría más, ahí construirían mi hogar. Desde el primer momento comencé a sentirla, comencé a vivir la tierra, fue como un abrazo de primavera, como llenarse de la luz de la luna llena, la luna de nieve. Las noches me absorbían, deseando ver llegar el día, y los días pasaban sin prisa. Todo sucede por una razón, me decía, todo tiene un sentido en la vida. Ya nada puede suceder, pues has quedado en paz con los dioses y el universo. El tiempo pasó y el sino hasta mí trajo a otro ser, que como yo, deseosa estaba de formar un hogar. El tiempo pasa raudo, la vida no se detiene y cuando menos nos lo esperábamos llegaron para recibir nuestro legado, unos seres deseados y amados. Crecían entre la brisa y la risa, la lluvia y el sol. Nada podía ir mal, hasta que el recu

Tic, tac.

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Tic, tac. Llega nuestra mar en silencio, marea negra, salpicando nuestras orillas, dejando muerte a su paso, tragando plástico, surcando el viento. Tic, tac. Llega con los lamentos de una tierra baldía, de un océano sin vida. Tic, tac. Las olas chocan contra la arena, arrastrando los lamentos de unos seres que suplican. Tic, tac. Llegan lágrimas de culpa y de codicia, que se mezclan con esa agua ya maldita, escondidas por la culpa de un mundo que observa y calla, y se lava las manos, como Judas, en un agua ya podrida. Tic, tac. Muere esa mar, muere esta tierra, mueren animales y plantas y pronto la humanidad. Tic, tac. Almas corruptas llenas de codicia, se unen a los que no miran. Hombres y mujeres que gritan para que: «¡paren ya!», mientras escupimos petroleo y con nuestros teléfonos nuevos grabamos a los que corrompen nuestro universo. Tic, tac. Me tapé los oídos para escuchar al niño que llevo dentro, dejé de oler por recordar lo que me dejé, tapé mis manos y así sentir