Seguro que hay una explicación.
En un principio pensé que sería algo maravilloso, como tener una segunda oportunidad, pero la cosa se complicó y nunca más tuve otra oportunidad. Había ido a comprar unas flores para Marta, cuando al girar en la calle Del Ensanche, vi frente a la floristería, a la madre de Marta. Era atractiva, me imaginé a Marta con la edad de su madre; sería igual que ella. Estaba parada frente al escaparate, como atraída por algo, parecía querer irse, pero al segundo regresaba, me recordó a las polillas cuando son atraídas, una y otra vez por la luz. Pronto me di cuenta de que no era nada gracioso, estaba nerviosa. Me acerqué y la saludé. —Buenos días. Me miró como el que mira a un extraño. —No deberías estar aquí, Sam, ¿no tienes clase? —Hoy es festivo. ¿Se encuentra bien? —me atreví a preguntar. Era evidente que le sucedía algo. Su mano se aferraba a algo que ocultaba en el bolsillo, al principio pensé en un arma, pero entonces vi que se trataba de su móvil. Sus ojos parecían salirse d...