Entradas

Mostrando entradas de septiembre, 2023

Dulce hogar.

Imagen
En la habitación se siente la humedad que les hace temblar. El frío se instala en sus huesos y su arrugada piel se estremece. El vello de la espalda se eriza, como la de un gato. En el exterior un relámpago alumbra la entrada y un rayo se deja ver lejos de la casa, segundos después retumba un trueno. —Jorge. —La mujer, postrada en una silla de ruedas estira el brazo hacia su marido, que parece hipnotizado por el temporal—. Cierra la ventana. Va a empezar a llover. Las cortinas vuelan hacia dentro, atraídas por el aire cálido.  Jorge se levanta apoyándose en los brazos de la mecedora. Esta cruje, igual que sus cansados huesos. Mira hacia el suelo y ve el rastro de unos zapatos mojados al pisar sobre la alfombra. En las sombras de la cocina se dibuja la silueta de un fornido hombre y una frágil mujer, así como la figura de un niño que se esconde tras ella. Jorge se gira y se dirige a Luisa. —Creo que tenemos visita, Luisa. Ella inclina la cabeza para mirar tras el encorvado c

Noche de superluna.

Imagen
El único sonido que se escucha es el de los grillos y el ruido que producen los neumáticos al rodar sobre el asfalto. El coche se detiene al pie del restaurante de carretera. La noche ha sido tranquila y el dueño se dispone a cerrar. La pareja parece nerviosa y pide un par de hamburguesas para llevar y dos latas de cola. El dueño del bar es mayor y les pide calma. —Ya no estoy para correr. De hecho, debería estar jubilado. Pronto cerraré el chiringuito. —Es urgente, señor, no podemos esperar. Tenemos a un niño en el coche y está hambriento. —Pues ya pueden correr, porque el coche se va y a no ser que el niño sea grande, alguien lo ha robado. La pareja se miran. Sus bocas abiertas lo dicen todo, al tiempo que callan. Segundos después estallan en una carcajada. El dueño del bar los mira desconcertado. —¿No piensan llamar a la policía? —pregunta. —No, ya no. Hoy el niño tiene comida —dice la mujer. Mientras, la plancha echa humo y las hamburguesas parecen quemarse. Un minuto a

Esperando el perdón.

Imagen
Yacemos bajo el álamo centenario, bajo su sombra nos cobijamos, esperando que sus largos tentáculos nos arropen, soportando el largo paso del tiempo. Besaba sus labios, ella cogía mis manos. Y así, entre sueños de enamorados, pasábamos el tiempo esperando que el alba nos acogiera, tras el eterno descanso de dos ánimas a las que maldijeron a yacer juntas y separadas por el tiempo. Eternamente enamoradas. Eternamente olvidadas. Yo, proclamo, que si soy culpable de algo es de querer vivir, de amar y ser amado y de no soportar el dolor, que de la daga de un traidor, extrajo la sangre de mi amada y del fruto de nuestro amor. Vivo entre páramos de muerte, somos ánimas sufriendo la vida eterna. Somos culpables de amar, culpable de tenernos, de poder querernos, de soñar con una vida mejor. Yo, que he muerto y he resucitado, tantas veces como el amor me ha dejado. Yo, que el castigo de una mano traidora he pagado, he sufrido y tras mil años sin saber dónde mi amda se encontraba, un

El rumor de las olas.

Imagen
... Las olas rompen con fuerza contra las rocas y el sonido le relaja aún más, y le gusta, le gusta la tranquilidad que se respira. Nos sentamos ante el fuego, la mar, el fluir del viento, a escuchar el sonido de los árboles moverse con él, e ignoramos el motivo de por qué nos hipnotiza, de por qué nos relaja, nos estimula, nos inspira. La naturaleza no repite las sintonías, no hay una ola de mar igual a otra, cada una de ellas estalla produciendo una nota diferente, provocando un cambio en el aire que esparce sus diminutas gotas alzándolas para después caer. Cada sombra provocada por la llama se dibuja de un modo diferente, el crepitar del fuego son como notas musicales que entonan melodías infinitas. Los árboles mueven sus hojas provocando innumerables sonetos, palabras de multitud de canciones. Ninguna de ellas desafina y sus orquestas saben que nota tocar en cada momento sin la necesidad de la batuta de su maestro. Y su imagen jamás se repite, no hay una película más va

Soy yo.

Imagen
… Sigo el murmullo del río, que guía mis pasos, hace ya muchas lunas que salí de la aldea, hace ya muchas mareas que partieron los hombres y no han vuelto. El viento me habló, se alzó ante mí y me cantó, viejos poemas que hablaban de maleficios, de viejos males, de seres tan antiguos como el mundo, de entes que vivían antes de que le hombre fuera hombre, antes de que el sol calentara sobre la tierra. La noche se ha hecho eterna, se fue cuando traspasé la frontera y mis huesos ya sienten frío y la humedad se ha instalado en ellos. Hay seres que me acechan en la oscuridad, que se acercan mientras me hago la dormida, y me huelen, huelen el miedo y la soledad. Los oigo respirar. Rezo a los ancestros y les pido valor para seguir. Escucho los sonidos que la noche me trae. El fuego ya no abriga, se ha vuelto denso y pesado, la nieve se acerca y mi caballo ahora me sirve de sustento, para no morir de hambre, para darlo como ofrenda a los espíritus en esta noche que no acaba. He vis