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Un hombre peligroso

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La tormenta pasaba y en el cielo se dibujaban las estrellas, la vía láctea estaba preciosa y más ahora que el cielo estaba limpio. Dio unos pequeños pasos y notó el agua bajo sus pies, tenía ganas de sentir el frío suelo, se descalzó y sonrió al notar el agua. Abrió sus brazos y dio gracias al cielo por estar vivo. Giró como una peonza y saltó sobre el charco. Dicen que si miras a la muerte de cerca ves pasar tu vida por delante de los ojos, pero yo no la vi y eso puede querer decir dos cosas, o que no he vivido o que mi muerte no estaba cerca. El accidente fue brutal y gracias a dios no me han quedado secuelas. Nada tenía antes y nada tengo ahora, tan solo me queda vivir y eso pienso hacer. Una margarita florecía entre las grietas del suelo y a su derecha un abeto se esforzaba por sobrevivir, escuchó entonces lo que parecía una maquina y vio como una excavadora se acercaba para arrancar la vida al árbol. Miró a su alrededor y solo entonces se dio cuenta que era el único ár...

Un libro, mi maginación y una historia de ¿amor?

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He paseado miles de veces por la parte vieja de mi ciudad, y hoy es el día que me parece descubrir cosas nuevas a cada paso que doy. La mañana estaba gris, pero no parecía que fuera a llover. Cada tienda tenía un sabor especial, un olor único. Conocía cada rincón, pero siempre veía algo nuevo y cada comercio me transportaba a un momento y un destino distinto, ya conocéis mi imaginación en ocasiones me juega malas pasadas. Pero aquél día algo me llamó la atención. Era un pequeño comercio, una tienda muy antigua, la había visto en infinidad de ocasiones, pero nunca me había parado en su escaparate. Parecía una librería muy antigua, suelo de madera y las paredes parecían no haberse pintado en mucho tiempo, eso si, parecía muy limpia. La puerta, también de madera, con el centro de cristal y el escaparate no muy grande, en el reposaban varios libros de aspecto muy viejos y otros utensilios que te hacían ver que no se trataba exactamente de una librería , sino que era algo así como u...

El mundo entero en paz

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  Adormecido tras la madrugada, se sentó para ver amanecer, cubierto por un velo de sueños, en las escaleras de la vieja cabaña se encontraba. Los primeros rayos de un perezoso sol asoman tras las hojas de los milenarios robles que tapizan el bosque, parecen bostezar cuando el cálido aire del sur mece sus ramas, pronto caerán las hojas y se cubrirá todo con un manto rojo. Taniyama Akishige llevaba mucho tiempo viviendo en ese bosque, pero esa mañana se había levantado con la sensación de que había algo distinto en el ambiente. - Algo ha cambiado. - Dijo al viento. Cerró sus ojos y abrió su mente e intentó percibir cualquier cosa que le llegase. Se levantó y entró en la casa, hacía mucho tiempo, desde que decidió vivir en soledad, que no se había vuelto a poner su traje para el combate el "Omole Manji" Cogió su "shakuyo" un bastón largo con anillas metálicas en la punta de lanza y el "nyoi " un bastón corto hecho de raíz. Volvió a salir y e...

Recuerdos

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    Llegó el momento que hasta el aleteo de una mosca le molestaba. Con el cajón del tocador improvisó un asiento, una nueva mierda había llegado a la ciudad y Roy la estaba vendiendo, decían que si te la metías veías cosas, no sabía que cosas y había decidido probarla.   Miraba hacia la calle que hacía 20 años le viera nacer y fue exactamente así, su madre dio a luz en plena calle, entre niños jugando a la comba y cubos de basura y gracias a un policía, que no se encontraba de servicio en ese momento, podía contarlo ahora, su madre moriría en ese parto, su padre un conocido alcohólico moriría cinco años después a manos de un tendero, con una recortada y un mal día, cuando huía de robar en su tienda. Poco después se lo llevarían los asuntos sociales a una casa de acogida, después pasaría a otra y luego a otra y así hasta que se hizo mayor de edad y comenzó a hacer trabajillos, así es como los llamaba Roy el camello de la avenida. En eso estaba ahora un trabajill...

Morir en la batalla

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  Muchos infiernos se alzaron desde entonces, soportando inviernos y clamando al cielo porque todo acabara. Sobre la basta alfombra de hierva, tumbada sobre lo que sería su tumba, la mujer guerrera miraba al firmamento ahora alumbrando en su máximo esplendor, estrellas y luna en perfecta comunión, aún en esa distancia, Crewe sentía el frío de su cuerpo - Muchas batallas libradas ¿Para que? La principal no pudo ganar. Bajó de su caballo y quiso acompañarla hasta que su cuerpo se apagara del todo. Agarró su espada y se la colocó sobre su pecho, enfundado por el mejor de los cueros, como si de una cruz se tratara puso sus manos sobre la empuñadura. - Es el final amigo.- Evelyn ya no disponía de fuerzas para girar la cabeza y mirar a Crewe - ¿El final? No amiga, esto es solo el comienzo, al otro lado te esperaran nuevas batallas que librar, espérame. - ¿Tengo miedo Crewe, por primera vez en mi vida siento pánico. - Hasta el más recio soldado siente miedo cuando l...

De repente un(a) (h)ola

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De repente se abrió las ventana y todas las hojas de los arboles entraron en la habitación, si algo había tras su casa eran árboles, de todos lo tamaños y condición, Mario no conocía sus nombres ni le importaba, lo único que verdaderamente  le gustaba era ese vaivén de sus ramas balanceándose con el viento, se podía pasar horas mirando embobado como se mecían  siguiendo un ritmo, parecían conversar entre ellos, pero ahora mismo odiaba a esos arboles, sus malditas hojas secas se habían colado en su casa.  Comenzó recogiendo las que habían metido en el pasillo, cerró la puerta de su habitación y algo llamó su atención. Algo brillante relucía en el fondo del armario, si algo era Mario era ordenado y no recordaba haber dejado nada allí, seguro que algo se había colado junto con las hojas. Fue a ver de que se trataba, un pendiente.- Que diablos hace aquí un pendiente de mujer, durante unos segundos se quedó embobado mirando su lado brillante,parecía bueno -¿Diamante...

La ruta de Ealar Catach (Cyriam Mèin) - II

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Cuentan que dos jóvenes amantes en su amado hogar felices vivían y hasta la luna envidia les tenía. —Y con mi piel un lienzo haré, para que mis poemas leas—.le cantaba Dior Boiseid a su fiel esposo Cyaram Mèin. —Y De colores de tu cuerpo acuarela sacaré y con mil trazos de amor te amaré. Allí en su jardín, frente al mar, amor eterno se juraron y con sangre lo sellaron.  El soldado y su amada tranquilos vivían y sin oro ni fortuna eran felices y ahí morirían. —Sobre tu alma un cuadro pintaré y mi amor así plasmaré —cantaba la bella dama. Una anillo se forjaron y en él sus nombres grabaron. En su casa de madera junto al río vivían, con su perro y su caballo fiel amigo de mil y un batallas y ahora descansando. Se amaban con tanta pasión que el Dios del mar sus olas les regaló. En los tranquilos acantilados los dos vivían enamorados. El viento acariciaba sus caras y entre besos y risas la vida pasaba. Un día cuando el sol mas lucia, una nube la cubrió. —Un mal presagio...