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el tatuaje

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 Se paró un momento a admirar a la chica de sala de tatuajes como cada mañana, antes de dirigirse al trabajo, apagaba la luz de su habitación para no ser visto tras los cristales. Ahí estaba ella, su cuerpo era como un lienzo, no quedaba un solo rincón en su cuerpo donde tatuar, al menos visible. A Luís no le gustaban los tatuajes, pero ésa chica era espectacular, no solo era guapa y con un físico que hipnotizaba, sino que los tatuajes eran como parte de su anatomía, uno no podía imaginársela sin ellos. La tatuadora encendió un cigarro, como cada mañana, y en cada calada la tenue luz del cigarro junto con la fría lámpara de su cuarto le transportaba a un mundo fantasmagórico, los dibujos de su cuerpo parecían revivir y le trasladaba a paraísos donde se imaginaba junto a ella. Soltó una gran bocanada de humo y el cristal se humedeció debido al frío del exterior; Luís recibió un mensaje en el móvil, lo miró, era de su jefe; hoy tenía una reunión importante y ya le estaba espera...

El caballero sin alma

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«No te  olvides de amar, no te olvides de vivir, siente la vida en cada poro de tu piel, si no vuelvo, vuela y vive, mujer. Empápate de vida». Fueron sus últimas palabras antes de partir. Tras la luna roja, un manto negro se cernió sobre la casa, los días eran tristes y las noches eternas. Varias semanas después de que él partiera, su caballo volvió y con él toda esperanza se desvaneció. Algunos soldados malheridos fueron llegando, contaban que su señor les había traicionado. Y que muerto en el campo de batalla lo habían dejado. Vive, me dijo, cómo vivir si tu amor vive en tu corazón. El camino era complicado y el caballo ya no podía caminar y lo dejó suelto. Subió la montaña, el enemigo se había escondido en algún lugar cerca de aquí. Según subía el frío se iba intensificando y la nieve aparecía, al principio en pequeños copos y más tarde la nieve se iba acumulando y costaba andar. Un reno le miraba y le advertía que su presencia era ya sabida. Que si no se an...

La promesa de Esgàire

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Sentado frente al mar con la piel como única armadura, el agua azotaba su estrecho pecho, no parecía importarle y a pesar de tener un cuerpo poco agraciado soportaba bien la tempestad. El viento le golpeaba y eso le agradaba. Cuantas batallas perdidas, cuantas ganadas, pero a pesar de todo y de todos él seguía en pie. Hombres fornidos cayeron ante sus pies. "No llegarás vivo al próximo invierno" Le prometieron, y dos inviernos llevaba sobre su montura. Esgàire Anndrasdan era un hombre delgado y pequeño, pero fuerte y ágil, en su vida no había hecho esfuerzo alguno que no fuera con el arado y la guadaña, siendo niño sus padres murieron, su padre en la batalla y su madre violada y asesinada. Lo acogieron unos granjeros Íberos que le enseñaron a trabajar. Hasta que estos también fueron asesinados, ya nada tenía, campos y animales perdió. Así que cuando le propusieron morir en la batalla no se lo pensó. Miró hacia atrás y vio a todos los soldados muertos y los que no, p...

Un hombre peligroso

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La tormenta pasaba y en el cielo se dibujaban las estrellas, la vía láctea estaba preciosa y más ahora que el cielo estaba limpio. Dio unos pequeños pasos y notó el agua bajo sus pies, tenía ganas de sentir el frío suelo, se descalzó y sonrió al notar el agua. Abrió sus brazos y dio gracias al cielo por estar vivo. Giró como una peonza y saltó sobre el charco. Dicen que si miras a la muerte de cerca ves pasar tu vida por delante de los ojos, pero yo no la vi y eso puede querer decir dos cosas, o que no he vivido o que mi muerte no estaba cerca. El accidente fue brutal y gracias a dios no me han quedado secuelas. Nada tenía antes y nada tengo ahora, tan solo me queda vivir y eso pienso hacer. Una margarita florecía entre las grietas del suelo y a su derecha un abeto se esforzaba por sobrevivir, escuchó entonces lo que parecía una maquina y vio como una excavadora se acercaba para arrancar la vida al árbol. Miró a su alrededor y solo entonces se dio cuenta que era el único ár...

Un libro, mi maginación y una historia de ¿amor?

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He paseado miles de veces por la parte vieja de mi ciudad, y hoy es el día que me parece descubrir cosas nuevas a cada paso que doy. La mañana estaba gris, pero no parecía que fuera a llover. Cada tienda tenía un sabor especial, un olor único. Conocía cada rincón, pero siempre veía algo nuevo y cada comercio me transportaba a un momento y un destino distinto, ya conocéis mi imaginación en ocasiones me juega malas pasadas. Pero aquél día algo me llamó la atención. Era un pequeño comercio, una tienda muy antigua, la había visto en infinidad de ocasiones, pero nunca me había parado en su escaparate. Parecía una librería muy antigua, suelo de madera y las paredes parecían no haberse pintado en mucho tiempo, eso si, parecía muy limpia. La puerta, también de madera, con el centro de cristal y el escaparate no muy grande, en el reposaban varios libros de aspecto muy viejos y otros utensilios que te hacían ver que no se trataba exactamente de una librería , sino que era algo así como u...

El mundo entero en paz

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  Adormecido tras la madrugada, se sentó para ver amanecer, cubierto por un velo de sueños, en las escaleras de la vieja cabaña se encontraba. Los primeros rayos de un perezoso sol asoman tras las hojas de los milenarios robles que tapizan el bosque, parecen bostezar cuando el cálido aire del sur mece sus ramas, pronto caerán las hojas y se cubrirá todo con un manto rojo. Taniyama Akishige llevaba mucho tiempo viviendo en ese bosque, pero esa mañana se había levantado con la sensación de que había algo distinto en el ambiente. - Algo ha cambiado. - Dijo al viento. Cerró sus ojos y abrió su mente e intentó percibir cualquier cosa que le llegase. Se levantó y entró en la casa, hacía mucho tiempo, desde que decidió vivir en soledad, que no se había vuelto a poner su traje para el combate el "Omole Manji" Cogió su "shakuyo" un bastón largo con anillas metálicas en la punta de lanza y el "nyoi " un bastón corto hecho de raíz. Volvió a salir y e...

Recuerdos

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    Llegó el momento que hasta el aleteo de una mosca le molestaba. Con el cajón del tocador improvisó un asiento, una nueva mierda había llegado a la ciudad y Roy la estaba vendiendo, decían que si te la metías veías cosas, no sabía que cosas y había decidido probarla.   Miraba hacia la calle que hacía 20 años le viera nacer y fue exactamente así, su madre dio a luz en plena calle, entre niños jugando a la comba y cubos de basura y gracias a un policía, que no se encontraba de servicio en ese momento, podía contarlo ahora, su madre moriría en ese parto, su padre un conocido alcohólico moriría cinco años después a manos de un tendero, con una recortada y un mal día, cuando huía de robar en su tienda. Poco después se lo llevarían los asuntos sociales a una casa de acogida, después pasaría a otra y luego a otra y así hasta que se hizo mayor de edad y comenzó a hacer trabajillos, así es como los llamaba Roy el camello de la avenida. En eso estaba ahora un trabajill...