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Caperucita feroz

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Escucho en silencio mis propios latidos, de noche el silencio puede ser ensordecedor, y sobre mi pecho danzando los ecos de un sueño. Hace mucho que no tengo ilusión que las noche son largas y oscuras, que los atardeceres  en grises y tristes y las mañanas largas. Recorro las noches para que se hagan cortas y de día intento dormir para así engañar al hambre. Las sombras se alargaban en la transición de la tarde a la noche. Me senté junto al lago con la esperanza que algún monstruo de río me tragase mientras descansaba, pero los monstruos ya no existen y los ríos están vacíos y fríos como mi estómago y mi corazón. Ya pasó muchos días con sus largas noches desde que salí de mi casa y mi vida. Ya todo terminó, ni se acordará de mí, pero yo no puedo olvidarle y cuanto más me alejo de mi amado más cerca estoy de él. Sé que todo terminó, sé que ya no volveré a mi casa, sé que mi hogar ya no existe, sé que mi vida ya no me pertenece, sé que moriré de melancolía y de hambre p...

Atrapado en la oscuridad

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Atrapado en la oscuridad de la noche, con el único sonido del aleteo de una mariposa nocturna. Discurría su vida sin prisas, sin un pensamiento que le alterara, sin preocupaciones. Miraba a la calle tras el ventanal de su mirador. Plegado en sus propios pensamientos, miraba a la poca gente que pasaba, inventaba vidas e historias. Cada alma que se cruzaba en su mirada era la secuencia de una película o un libro por escribir. Una mujer cruzó la carretera, su vestido se ondeaba con el viento y al correr su falda voló libre hasta su pecho, se lo bajó, pero ya había dejado sus intimidades al descubierto, lejos de gustarle a Bruno le disgustó, porque le hacía ilusión adivinar e imaginar y ese acto le había enseñado todo, su imaginación ya no podía aportar nada nuevo. Decidió mirar a otro lado, pero le podía la curiosidad y la chica la verdad es que estaba muy bien. Se quedó parada mirando hacía el otro lado de la calle de pronto su mirada se centró en el ventanal, el sabía que n...

Flores para el camino

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  Ya no se acordaba cuanto tiempo llevaba allí. Ya no podía llorar, no le quedaban más lágrimas. El día que se fue para ya no volver era gris y plomizo ¿cuándo fue eso? Hoy es gris y plomizo, ayer fue gris y plomizo, de hecho no recordaba ningún día que no fuera gris y plomizo. Su lápida estaba impoluta, cómo no iba a estarlo si hacía ¿Cuánto? Ya no se acordaba, ni le importaba. El cementerio se encontraba casi vacío; había algunas personas, que como él se encontraban llorando a sus seres queridos. Una mujer iba recorriendo todas las lápidas en las que algún ser lloraba; algo les decía. Una hermosa mujer, alta y vestida de negro. Seguramente buscaba alguna tumba en concreto. Aunque el día estaba triste ella parecía alumbrarlo todo, llevaba flores que iba regalando a los allí presentes. Su vestido era de un fino encaje. La mujer se fue acercando y al hacerlo pudo observar su gran palidez, pero a pesar de ello su belleza llamaba la atención y uno no podía dejar de mira...

el tatuaje

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 Se paró un momento a admirar a la chica de sala de tatuajes como cada mañana, antes de dirigirse al trabajo, apagaba la luz de su habitación para no ser visto tras los cristales. Ahí estaba ella, su cuerpo era como un lienzo, no quedaba un solo rincón en su cuerpo donde tatuar, al menos visible. A Luís no le gustaban los tatuajes, pero ésa chica era espectacular, no solo era guapa y con un físico que hipnotizaba, sino que los tatuajes eran como parte de su anatomía, uno no podía imaginársela sin ellos. La tatuadora encendió un cigarro, como cada mañana, y en cada calada la tenue luz del cigarro junto con la fría lámpara de su cuarto le transportaba a un mundo fantasmagórico, los dibujos de su cuerpo parecían revivir y le trasladaba a paraísos donde se imaginaba junto a ella. Soltó una gran bocanada de humo y el cristal se humedeció debido al frío del exterior; Luís recibió un mensaje en el móvil, lo miró, era de su jefe; hoy tenía una reunión importante y ya le estaba espera...

El caballero sin alma

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«No te  olvides de amar, no te olvides de vivir, siente la vida en cada poro de tu piel, si no vuelvo, vuela y vive, mujer. Empápate de vida». Fueron sus últimas palabras antes de partir. Tras la luna roja, un manto negro se cernió sobre la casa, los días eran tristes y las noches eternas. Varias semanas después de que él partiera, su caballo volvió y con él toda esperanza se desvaneció. Algunos soldados malheridos fueron llegando, contaban que su señor les había traicionado. Y que muerto en el campo de batalla lo habían dejado. Vive, me dijo, cómo vivir si tu amor vive en tu corazón. El camino era complicado y el caballo ya no podía caminar y lo dejó suelto. Subió la montaña, el enemigo se había escondido en algún lugar cerca de aquí. Según subía el frío se iba intensificando y la nieve aparecía, al principio en pequeños copos y más tarde la nieve se iba acumulando y costaba andar. Un reno le miraba y le advertía que su presencia era ya sabida. Que si no se an...

La promesa de Esgàire

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Sentado frente al mar con la piel como única armadura, el agua azotaba su estrecho pecho, no parecía importarle y a pesar de tener un cuerpo poco agraciado soportaba bien la tempestad. El viento le golpeaba y eso le agradaba. Cuantas batallas perdidas, cuantas ganadas, pero a pesar de todo y de todos él seguía en pie. Hombres fornidos cayeron ante sus pies. "No llegarás vivo al próximo invierno" Le prometieron, y dos inviernos llevaba sobre su montura. Esgàire Anndrasdan era un hombre delgado y pequeño, pero fuerte y ágil, en su vida no había hecho esfuerzo alguno que no fuera con el arado y la guadaña, siendo niño sus padres murieron, su padre en la batalla y su madre violada y asesinada. Lo acogieron unos granjeros Íberos que le enseñaron a trabajar. Hasta que estos también fueron asesinados, ya nada tenía, campos y animales perdió. Así que cuando le propusieron morir en la batalla no se lo pensó. Miró hacia atrás y vio a todos los soldados muertos y los que no, p...

Un hombre peligroso

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La tormenta pasaba y en el cielo se dibujaban las estrellas, la vía láctea estaba preciosa y más ahora que el cielo estaba limpio. Dio unos pequeños pasos y notó el agua bajo sus pies, tenía ganas de sentir el frío suelo, se descalzó y sonrió al notar el agua. Abrió sus brazos y dio gracias al cielo por estar vivo. Giró como una peonza y saltó sobre el charco. Dicen que si miras a la muerte de cerca ves pasar tu vida por delante de los ojos, pero yo no la vi y eso puede querer decir dos cosas, o que no he vivido o que mi muerte no estaba cerca. El accidente fue brutal y gracias a dios no me han quedado secuelas. Nada tenía antes y nada tengo ahora, tan solo me queda vivir y eso pienso hacer. Una margarita florecía entre las grietas del suelo y a su derecha un abeto se esforzaba por sobrevivir, escuchó entonces lo que parecía una maquina y vio como una excavadora se acercaba para arrancar la vida al árbol. Miró a su alrededor y solo entonces se dio cuenta que era el único ár...