Cyaram Mèin. El soldado sin alma. (VIII).
Todos estaban en sus puestos. Los soldados Romanos en perfecta formación tortuga, esperando al ataque enemigo. Apolonio, desde la muralla, instruía a sus hombres, mientras se vestía para la batalla. No llegaban noticias desde Roma y ya no podía esperar más. El enemigo se acercaba y, la maldita lluvia, de nuevo. —¡Arqueros! ¡Preparaos! —Los arcos se tensaron—. ¡Lanceros! ¡No dejéis que se acerquen! —Apolonio subió a su fiel caballo—. ¡Caballería! ¡A mi orden, atacad! En la lejanía un numeroso grupo de Celtas se reunía en lo alto de una loma, con Cyaram a la cabeza. El gigante lo parecía más encima de su carruaje tirado por dos caballos, que iban adornados con las cabezas decapitadas de sus víctimas, para asustar a los Romanos y como ofrenda a su diosa, Tuatha De Danann. Junto a él, Otra diosa a ojos de todos, Dior. Su melena roja la confería un aspecto más fiero. Ambos llevaban lanzas y espadas. Cyaram se sujetaba atado a un poste, cosa que no veían, porque lo tapaban sus ropaj...