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Santuario.

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Estaba más cerca del Otromundo que de este. Había sufrido profundas heridas y tras la batalla no había vuelto a ponerse en pie y menos aún había cogido la espada. No sabía si podría sujetarla y pelear con ella. El guerrero zurdo, Rolando, se encontraba caído frente al enemigo. Su ejército había sido derrotado y ya no quedaba esperanza.  Caminaba bajo la lluvia, sin prisa, recordando lo que le había llevado hasta ese lugar, ese santuario, sabedor de que en la batalla no hay lugar para lamentaciones ni miedos. Un guerrero debe serlo hasta más allá de la muerte.  Avanzaba con sus oscuros pensamientos. Sabiéndose solo. El barro le impedía seguir. Se deshizo de su armadura y dejó a un lado a su montura. Un recuerdo se pierde en su mente. En ese santuario yacen los ancianos de su pueblo, los que dieron la vida por ellos. Parecen decirle que no vale la pena, que ellos ya no siguen entre los vivos, que espere a reunir fuerzas. Escrito está que pertenecemos al lugar donde n...

la señal

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Allí, donde la montaña se junta con el cielo, donde el sol no penetra y parece huir porque el frío reina, he decidido adentrarme. Hace noches descubrí que en esa montaña alguien pedía socorro. Llevo caminando  tanto tiempo que he perdido la cuenta. El frío me impide pensar con claridad. Son estas interminables noches, no soporto cuando llegan, si no pasa rápido esta estación donde la luna reina creo que me volveré loco. Intento mantenerme activo durante el tiempo que permanezco despierto, y cuando el sueño me vence enciendo un fuego, pero desde hace…, —«¿Cuánto tiempo? Ya no lo recuerdo. He perdido la cuenta. El sol no saldrá hasta dentro de varios meses y ya no sé si debo dormir o mantenerme despierto, por lo que he optado por hacerlo cuando caigo rendido»—. Como iba diciendo, desde hace un tiempo he notado como me siguen. Creo que es algún animal más hambriento que yo, si es que existe algo o alguien así. Apenas me quedan víveres y he decidido guardarlos para cuando c...

Un horizonte desconocido.

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Me encamino hacia horizontes desconocidos.  El destino me llama.  Nada dejo de donde he venido, pero tampoco quiero olvidar, pues es mi pasado el que a mi cuerpo y mi mente han forjado y el futuro que llega también huellas en mi dejarán.  Dirijo por última vez la vista hacia el pasado, con una sonrisa y nada veo que a él me ate. Salto al vacío.  Repto hacia el abismo, donde dragones y damas en apuros me esperan.  Torres más altas que la más alta de las montañas he de trepar.  Simas más profundas que el más profundos de los mares.  Piratas que derrotar y princesas a las que salvar. Mil aventuras me esperan.  Mil batallas que librar.  He de acabar con mil enemigos y a mil mujeres he de salvar. Ya vislumbro el fin de la tierra, donde dragones y seres imposibles con sus garras me aferran. Veo lugares donde la luz de ningún sol llega, donde las galaxias mueren, donde los agujeros negros me tragan, pero la imaginación nunca muere. Seres...

Emboscada.

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…Adrián hizo una señal a sus hombres para que se prepararan. Se fueron dividiendo para pillarles por los cuatro flancos. Adrián daría la señal, cuando estuviera seguro de que no había más. El grupo de celtas, parecía no percatarse, de no saber lo que se les venía encima, y así era, aunque Deva tenía a sus arqueras preparadas, vigilando desde los árboles, no habían advertido la presencia de los cinco hombres. Todos estaban esperando la señal. Adrián no veía a nadie más ni siquiera a las arqueras, pero no se fiaba. Su instinto le advertía que había algo o alguien más. —«Si al menos la maldita lluvia cesara por un momento» —Maldecía para sus adentros. Sacó su espada. La bajaría como señal para los guardias pretorianos. Los cuatro estaban pendientes del ademán. Parecía que el tiempo se había detenido. Cuando el inconfundible sonido de un caballo, que provenía desde detrás de ellos, les alarmó. Se giraron raudos, al igual que lo hicieron las arqueras, y vieron a un joven soldado ...

Coleccionista de recuerdos.

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Tenía la mirada perdida en las pequeñas partículas de polvo suspendidas por toda la habitación. La música relajante del crepitar en la chimenea le absorbía, al igual que el dulce e intenso olor a jazmín que llegaba desde el jardín.  El mundo se había vuelto lento y ligero. Intentó alcanzar con la mano el rayo de sol que incidía sobre la mesita de noche atravesando la ventana, pero el aire parecía denso y pesado, no era capaz de romperlo, su brazo se negaba a despegarse de su cuerpo. Llegaba hasta él el intenso aroma a café.  Intentó recordar su sabor. Cuánto tiempo llevaba recluido en esa cama. El tiempo pasa lento, muy lento, cuando lo único que haces es verlo pasar. Le gusta el silencio de los amaneceres, ese silencio que marca sus melancolías. Si pudiera decir al mundo cómo se siente, que supieran de su presencia. No es un cuerpo, es un alma que quisiera liberarse de su cárcel, cortar la atadura que sujeta sus alas y volar libre, igual que esas motas de polvo qu...

Deva.

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Fragmento del capítulo 10° de mi próximo proyecto.  ...Deva no hizo caso de su instinto y atraída por su espíritu de Cazadora se adentró en la espesura de la lluvia y atravesó el puente. A su mente llegó el recuerdo de la voz de Ataecina, parecía revivir en ella un augurio, como un mal presagio que le decía una y otra vez que abjurase en su intento de franquearlo, pero hizo caso omiso a tales advertencias y lo que vio le atravesó la columna como un relámpago rasga el cielo. Sintió, de nuevo, el deseo descontrolado de represalia y castigar al causante de sus pesadillas. Como un demonio se alzaba sobre un caballo salido del mismísimo infierno, el hacedor de su lamento: Fearchar degollaba sin piedad a un legionario romano, pero podría haber sido un soldado celta o a cualquier persona que se hubiera cruzado en su camino, sin apenas arrepentirse lo más mínimo por ello. Los romanos eran ahora su escusa para matar; mañana sería cualquier otra. Deva se plantó delante deseosa de...

Un pequeño Ser.

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Tronaron los cielos y las alimañas se estremecieron. Corrieron bestias y dueños a refugiarse tras sus muros, ignorando que la oscuridad se adueñaría de toda el mundo.  Hasta la última grieta en la montaña más alta, no encontrarían escondite donde acabar sus días.  Buscaron algún remedio para desafiar al nuevo Dios, que les devolviera a su antiguo señor, que sus vidas, ahora secuestradas por ese Ser, sediento de sus almas, se fuera, que no volviera, que supiera que no era deseado. Gastaron hasta su última moneda de plata, arrojaron al fuego del abismo de los Dioses del averno a sus seres más queridos, en un intento de hacerles ver que querían volver a tener su antigua vida. Que regresaran sus antiguos amos, que aunque antes los odiaban, igual que los veneraban, los preferían al Ente que ahora los gobernaba. Sacrificios y asaltos arrasaron la tierra. Muertes, violaciones y asesinatos asolaron los páramos. Rezando a dioses que antaño maldecían. Levantando santuarios c...