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Arañas.

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... Se sentaron de cara a las escaleras centrales, en unos ruidosos sofás de Skay beige, que estaban más fríos que el ambiente, al hacerlo creyeron hundirse en ellos y no poder salir jamás. Una imagen se formó nítidamente en su retina. Al principio no le dio importancia, pero poco a poco fueron apareciendo más a menudo. La primera vez solo vio una, que se escondía, para aparecer en otro lugar. Se asomaba y en cuanto fijaba la vista se escabullía. Era una araña negra y peluda. No muy grande, pero lo suficiente como para que no quisiera perderla de vista. —«Las muy cabronas son muy rápidas». —Javi —le hablaba Enaut—. Te digo yo que… La voz de Enaut se escuchaba muy lejos, apenas entendía qué le estaba diciendo. Su cabeza ahora solo oía el ruido que formaban esas ocho patas que repiqueteaban en algún lugar. El sonido cesaba  para regresar en otro escondrijo. —«¡Malditos bichos! ¡No me cogeréis desprevenido!» —Ahora percibía algo más, se había multiplicado, una por la derec...

La maldición.

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La tormenta pasó, pero tras ella un barco surca la mar, sigue la estela, persiguiendo un fantasma, esa es su condena. Muerte a cada paso, almas sedientas, en este barco de almas en pena, de la que ninguna es eterna. La mar embravecida, como si su dios los quisiera, les llama y les alienta. Su sangre les reclama Almas que navegan sin rumbo y sin meta. Llegan hasta al navío, hombres con un dios sobre su cubierta. Rezando por su pena, sin saber que será su condena. Asaltan las bodegas, no ven a ningún ser, ríen y cantan, beben y bailan. Pero al llegar la noche, las ánimas que habitan la nao, salen a buscar su cena. Gritos de auxilio, que nadie escucha. Fantasmas que devoran la noche entera. Espadas que chocan contra la noche, balas que rebotan en la niebla. Vidas segadas por la espada, gritan y rezan por una salvación que no llega. Lluvia de sangre, lamentos y lloros, imploran por su perdón, mueren antes de recibir la luz del sol.  Niebla que cubre cuerpos, brisa que se lo...

Los miedos de Sofía.

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Al abrir los ojos, en un principio no podía ver nada, tan solo se filtraba un minúsculo rayo de luz a través de alguna especie de apertura en algún lugar del techo, si es que había techo. Sofía escuchaba un rítmico goteo en la dirección contraria a la luz ( toc, toc, toc… ), la humedad se palpaba y el frío era más intenso de lo normal. Se imaginó que estaba en algún sótano. No sabía qué había pasado, estaba en brazos de Morfeo y en un segundo se vio cogida por… alguien. Su mente se apagó, como se apaga un televisor. Tenía miedo ( toc, toc, toc… ), se escuchaban sonidos que le recordaban, cuando una vez, en el sótano de su casa, bajó con su padre y la luz se fue. En esa ocasión su padre le sujetaba de la mano, pero a pesar de ello sintió pánico cuando oyeron ese mismo sonido, su padre le explicó que seguramente eran roedores, pero que si ellos hacían ruido las ratas se callarían. Así lo hicieron y esas ratas dejaron de asustarla. Sofía intentó hacer ruido, pero los sonidos n...

Tras la tormenta.

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Era otoño, paseaba sin pensamientos, tras un verano de tristes días y amargas noches. El cielo parecía caerse, un relámpago alumbró el cielo, como si Dios hubiera inmortalizado ese momento. Un ramillete eléctrico cruzó el cielo de este a oeste, el sonido llegó casi al momento, así como ese olor a ozono. Dios estaba enfadado, el cielo parecía romperse. Creí que su cara asomaría de entre las nubes, imaginé una descomunal cabeza barbuda asomando entre ellas, pues el viento arreció, como si hubieran abierto una ventana, pero lo único que asomó fue la lluvia. Una gran cortina de agua cayó pesadamente sobre mí. No corrí, no podía, la maldita silla de ruedas se había atascado. Lo cierto es que esperaba algo más, esperaba que un rayo me fulminara, que no quedara de mí más que el recuerdo en la acera, carbonizado. —¡¿Eso es todo?! —grité enfadado—. ¡¿Eso es todo lo que sabes hacer?! Nadie respondió. Sonó un trueno mayor que el anterior, parecía que Dios se hubiera cabreado de verdad...

Reencuentro.

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... Durante el trayecto Gari no dejaba de darle vueltas sobre qué iba a contarle, de por qué se había ido sin ninguna explicación, aunque desde que se fue, él tampoco se había preocupado demasiado por averiguarlo. Ni siquiera una llamada, pero qué iba a reprocharle si había sido ella la que se había marchado. El personal de limpieza deambulaba entre las habitaciones y cuando llegó, su puerta estaba abierta. Se quedó observando al que había sido su pareja durante tanto tiempo. Parecía dormir. No había nadie con él, aunque era pronto, pero Gari dudaba que algún familiar acudiera a cuidarle. Estaban todos lejos. Su hermano Alfonso, con el que más relación tenía, vivía en las islas Canarias, le resultaría complicado acudir, aunque conociendo a Antonio, Gari estaba segura de que ni siquiera lo sabría. Tendría que ser ella la que le llamara para contarle lo que le sucedía. Su cabeza se giró y miró hacia la puerta, como si hubiera adivinado que le observaban. Ambos se miraron. Gar...

Saldar cuentas.

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... La tormenta ya había pasado, ahora era la calma que la precedía lo que la inquietaba. El agua corría por toda la vereda, dispersándose por finos afluentes que discurrían para desembocar en un arroyo que perecía en el caudaloso río. Las nubes se dispersaban para ir dejando poco a poco paso a un claro día, y aunque la tarde se echaba encima el sol aún calentaba y un arcoíris con cinco tenues colores apareció ante ella. No era lo que esperaba, siempre te dicen que los días tristes y melancólicos deben ser grises y lluviosos, así había sido hasta ese momento. Se deshizo del chubasquero y salió para que el sol la calentara; alzó la vista mientras un tímido rayo solar incidía sobre ella. Aspiró profundo, como queriendo que aquel día quedara marcado en su mente; el aroma de lo rosales recién plantados le llegaron, al igual que ese inconfundible olor a barro durante una tormenta y a hierba recién cortada. Volvió a cerrar los ojos para recibir el tacto del trigo que crecía alto;...

El contrato.

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Bajo el manto de la noche, en el último pétalo de un verso de mil colores, acurrucados al cobijo del árbol, bajo la fina lluvia de un esperado abril. Ahí yacen, inmersos en esa ciudad de corazones, muriendo de soledad en sus calles, lejos, muy lejos, separados por multitud de brazos deseosos de abrazos. Cuentan que en noches de novilunio, dos figuras errantes, buscan entre las sombras los besos y lamentos de los amantes. Pues ellos se alimentan de amores y desamores de los que yacen muertos en la calle o perdidos entre miles de sombras andantes. Las ánimas de los dos amantes se alejan sin poder mirarse, pues la maldición les obligó a no tocarse. Tan solo sueñan que si se apoderan de los cuerpos de esos a los que el amor acepta, podrán acariciarse antes de que el sol los alcance. Liberan besos que vuelan libres entre los jóvenes amantes. Llueven sentimientos que tras el invierno florecerán en vividos momentos y para cubrir el frío de su piel buscan el calor que desprenden al...